Antes de encontrarlo en el lugar de siempre, descarté toda posibilidad de que lograra responder con palabras lo mucho que necesitaba aclarar; sin embargo, una pregunta seguía dando vueltas por mi cabeza y supuse entonces que era la que debía salir de mis labios en aquel momento.
Caminamos, sostuve su mano y lo miré. Todo comenzó a desparecer, mis dudas también, aquella idea que seguía intacta se empezó a alejar al ver que la contestación era demasiado evidente en sus pupilas.

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