Trato de aprender a llevarme con esta nueva soledad, con
este peso en mi corazón que no conocía.
¿Qué no conocía? ¿O será que no lo quería conocer?.
Hace tiempo está ahí; quieto, seco, fuerte, como un ancla
ahogada en el fondo del río y sin ánimo de moverse sin otro objetivo que seguir
pesando hacia el fondo.
Trato de llevarme con esta soledad que no es nueva, que en
realidad lleva ahí mucho tiempo, que he intentado no ver, pero que de repente
me veo obligada a aceptar, no me lo puedo seguir negando a mí misma, ya no
tiene sentido.
Ya no hay nada por ganar, ni por perder.
Siento que ya no puedo confiar en nadie, que ya no puedo sentir sino angustia y vacío.
Ya no queda nada.
Solo la duda… ¿realmente hice el esfuerzo?, ¿me rendí
demasiado rápido?, ¿fue todo culpa mía?
Pero ya no hay nada, ya no hay más energía, no hay más
batallas que luchar, no hay más abrazos y mucho menos besos. Entre nosotros ya
no queda nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario