miércoles, 7 de mayo de 2014

O7.O5.2O14

Trato de aprender a llevarme con esta nueva soledad, con este peso en mi corazón que no conocía.
¿Qué no conocía? ¿O será que no lo quería conocer?.
Hace tiempo está ahí; quieto, seco, fuerte, como un ancla ahogada en el fondo del río y sin ánimo de moverse sin otro objetivo que seguir pesando hacia el fondo.
Trato de llevarme con esta soledad que no es nueva, que en realidad lleva ahí mucho tiempo, que he intentado no ver, pero que de repente me veo obligada a aceptar, no me lo puedo seguir negando a mí misma, ya no tiene sentido.

Ya no hay nada por ganar, ni por perder.
Siento que ya no puedo confiar en nadie, que ya no puedo sentir sino angustia y vacío.
Ya no queda nada.
Solo la duda… ¿realmente hice el esfuerzo?, ¿me rendí demasiado rápido?, ¿fue todo culpa mía?
Pero ya no hay nada, ya no hay más energía, no hay más batallas que luchar, no hay más abrazos y mucho menos besos. Entre nosotros ya no queda nada.

Nada más que soledad.




No hay comentarios:

Publicar un comentario